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Chroniques politiques et culturelles (CP) - 08 JAN 1940 - Espagnole
     [CP-1940-01-08-ES]


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Crónica del día. 15 de enero de 1940,
En nuestra charla de esta noohejarnos a dejar ax lado las esferas
un tanto arduas,de la alta política. Ho hablaremos de la neutralidad,
ni de la misión de Suiza en Europa y en el mundo, ni tampoco
de las dificultades a las que se ve expuesto un pais pequeSo que
quiere conservar su independencia y su soberar iajf. For el contrario,
quisiera invitarles a seguirme a uno de nuestros pequeños Cantonea»
fit donde un acontecimiento recién acaecido nos brinda la ocasión
de hacer algunas reflexiones sobre nuestra organiaaoirfn política
y sobre nuestras condiciones sociales.
SI sábado pasado, en un pequefto municipio del Canton de Glarua,
la población, con profunda ssas emoción y recogimiento, ha con*
duc ido a su ultima -eaeeaatf a un hombre, ouya carrera vale la pena
reeordar. Este excelente ciudadano, ouyèfaesaparioion gareaise tenemos
que lamentar, ha tW una educación muy corriente en nuestro
país. Depues de haber pasado (por ias escuelas primarias loae teil
»1 mrrJT, gozó del privilegio 4e poder ie H»,durante algunos
años Loa cursos de las escuelas seoundarias* concluidos los cuales,
se tralada por un ano. a la Suiza de habla fxs francesa, deseoso
de aprender aquel idioma*
Con exxBx esos conocimientos llegó* a ser cartero. Un día tras
otro, durante ma's de veinte años, fué a llamar a las puertas de
fincas y casas, dejando el correo sobre la- mesa de lajcocino .
fal tarea ifriiHir parecer monótona y aburrida, pero je*« dacobo Britt
ftiá W ocasión de eonooer los xmkx&nxss mas diversos ambientes,
de discutir los asuntos públicos y particulares de xx oada uno, en
fin, de ponerse al corriente de las aspiraciones de un municipio,
de una de esas pequeñas entidades políticas que 9*Q*mm*6mm el
fundamento de nuestra organización x*x jtxa«x constitucional.
fronto sus vecinos se dispusieron a confiarle misiones
y responsabilidades. Lentamente pero oon seguridad, subió loe pel»
danos de la lierarquía política, xmcaniKHoLs haciéndose primero cargo,
en sus horas abe libres, de$ ftetai i adío -le ni ziinicipio. Habiendo
saiiaaxaixjsxxB desempeñado m MMBgfl p*""1' satisfacción de todos,
entró pronto en el Concejo delátiatfrwxm municipio, y finalmente llegó
a ser sutPresidente,, Peito, mientras tanto, x gst B continuo *- llevaawxfe
sus oartas y i«MN|ié u of ioio de cartero, consagrando luego sus
horas libres y las kaxra primeras horas de la noche a les asuntos
Sin embargo,aun le estaban reservados QäXJOS destinos maa altos,*—"
Pronto llegó a formar parte de las autoridades » cantonales, xerx
cartas y Tnnoifi ram "turnad cotidiana, vistiendo alternativamente el
uniforme de a cartero « la negra levita de magistrado. A piincipios
de septiembre, xama. lo mismo que la gran mayoría de los ciudadanos
suizos, te vestido aun otro uniforme, el militar, y es a aenaeawiaaia
a« un enfriamiento cogido en la frontera, flnrfr nhnrn tin -de iaeréa»»f
Gomo ven Vas, esta vida es de las más sencillas, pero es muy
característica de nuestras instituciones. En efeoto, en cada ciuda«
daño pueden encontrarse tres hombres diferentes: el hombre particular
o el trabajador, el ciudadano o el hombre ptíblioo, y finalmente
el soldado o t% defensor de la KKX1E K patria. Alternativamente, según
las circunstancias, segtin las horas o las estaciones, es el uno o
el otro, sin abandonar jamás por completo ninguna de KSBSBS 3US tre*
. w vu*- cjoráctloamente
Ijngilaa. Pero obre todo es un hecho muy característico, «¿Sö W-
oondicio'n social solo ejerce una influencia muy limitad en su
carrera KtarxH politica»o militar.
Todo hombre que gan | modestamente su vida, kwcka ÄÄdtsi con el tra
bajo de sus aanop, tiene posibilidad de desempeñar un alto cargo
piíblioo. Todo magistrado que gobierne un pequeño pueblo de algunos
centenares de miles de habitantes, entrará en filas el día de pelivsenoillo
gro, y no será mas que un soldado entre tantos otros. En nuestro
país no hm& itm.xmi.iM. ninguna muralla que separe if las sa clases
sociales, y hay libre comunicación entre unan y atrae. Hada ca-e
fácil que pasar de una a otra, sea para elevarse, sea para deseen«
j&u. ¿¿o ¿AAOtít«.
der. Y »cast pre ci sámente rooiia el seoreto de nuestro equilibrio
social y la qwfr explica la ausencia grla rareza de conflictos sociales.
Pero ante todo « y es eso lo que quería poner de relieve « nuestro
país v ôn frecuenoï|E f1Îsta dirigidoVpor hombres sencillos. No se les
exige tanto una gran cultura y extensos conocimientos
como una gran experienoia préiotioa áp la vida oorriente. Nuestros
mejores magistrados son hombres que haa estado en estrecho contacto
con la población y que conocen sus necesidades y sus s; aspira«
cienes. Para Bkfcssatx çrmmr acceso a los cargos mas altos, es preciso
haber pa-eado por la escuela de la vida municipal y cantonal.
Tal hecho demuestra claramente que nuestro democracia no es una
demooracia teórica, sino una democracia viva,cuyas raíces descienden
a Ins pirBfnnclirlglr?r de la vida real.
v.1.09