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Swiss Observer (SO) - 06 JAN 1942 - Espagnole
     [SO-1942-01-06-ES]
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Señoras y señores;
0 e ¿Z4 ¿Wc¿oftoo Ctiab¿a s~- ¿ ¿Y- Mf i fi-
•*¿ la semana transcurrida se ha sontiao-lyo roporcugionoy de
los acuerdos adoptados en Washington y én Mosca. En -todo caso,
las' conversaciones entre el Presidente Roosevelt y el Primer Mimas
nistro Churchill parecen haber revestido carácter positivo que 3a s
celebradas entre Stalin y Iden. Ello se debe sin duda alguna a
la naturaleza de las cosas, si se considera la situación militar
actual y xafctxxflÉxxBrxiáEXisx se compara la posición política de
los Estados-Unidos ? de ia Gran Bretaña y de la Unión soviética.
Según se ha dicho ya, en Washington se *han fijado, ante todq
las esferas de influencia en las cuales msjtíbi principalmente responsable
cada una de las Potencias anglo-sajoñas, en el sentida
de que los Estados Unidos tgaoax -hcui-Ao 'muy' s obre sí la responsabilidad
en la región del Océano Pacífico y la Gran Bretaña la corres
pondiente en Jqf ßfel Océano Atlántico. Por lo que se refiere al
mando supremo.se han tomado, sin embargo, otras medidas en consopenon
nancía con los vitales intereses británicos que xjsxxgatxaxKxxs
los éxitos japoneses en el oeste del PacíficoV Wavell, el jefe
militar británico que hasta ahora ha prestado más valiosos servien
cios, toma el mando Wé ¿ esa región y. bajo sus órdenes, estarán las
flotas marítima y aérea XHX*S:X«ä«X mandadas por norteamericanos.
En la tierra firme del Lejano Oriente ejercerá el IPBXäB
Mariscal Tchang-Kai-Chek el mando sobre todas las fuerzas aliadas,
lo que podría ser de gran importancia para la armoniosa
¡SM±s.axxraamsxxafenixKrBXxx*KXSsxxa colaboración
de un ejército tan heterogéneo.
Pero, aparte esa transformación de la organización militar,
en Washington se han adoptado otros acuerdos que podrían xx tener
importantísimas repercusiones políticas. Ha nacido una alianza
en la que figuran ya 26 Estados, la mm ÊBÊÊ ÊÊÊÊÊÊÉÊÊÊÊ
son Eu-fciüuB de gran importancia* Así, los doá campos "beligerantes
se encuentran ano frente al otro perfectamente deslindados y
el Pacto de Washington constituye la contrapartida del Pacto anti5
comunista de Berlín. Ahora bien, mientras para este último existen
pocas probabilidades de ampliación, el primero puede ganar
todavía en importancia. A ese propósito, la Conferencia Panamericana
convocada para la segunda quincena de este mes, psdgía revestid
gran transcendencia.
La Conferencia de Mpscú entre Stalin y su Ministro de Asuntos
Exteriores, jfx*x de un lado, y el Ministro: de negocios Extranjeros
británico, del otro, hay que considerarla como paralela de
la Conferencia de Washington. Porque no se puede dudar de qué la
Unión soviética pertenece a la 5bc trinidad de las Potencias xxatsx
dirigentes aliadas; pero también es indudable que, dentro de esa
trinidad, su posición es, en cierto modo, especial. El aglutiruscrnante
que mantiene unida la alianza anglo-norteamericanasExmm« es,
en primer lugar, el enemigo común. No es, pues, de extrañar que
el Sr. Eden, al regresar a Londres, haya dado a entender que los
problemas no militares le han preocupado en Moscú casi tanto como
como las cuestiones agudas de la defensa común. La cuestión de ¿+.
«t«9 forma habrán de revestir
simxxiEsbcra xiisxixxKX las relaciones entre los aliados, una vez
que haya sido vencido el enemigo - el cual,por lo demás, posee tose
davía una fuerza que no MxyMiJii menospreciar - es de la mayor
importancia; KSHS no hay, pues, nada más natural que el tratai
de evitar, desde ahora, una eventual ¿acosaá a eTTCre los vencedores.
Pero mientras se tienen lugar todas esas negociaciones, la
guerra sigue su marcha fatal. En las Filipinas, los norteameri-
Bxacxc canos han perdido Manila; en el Norte de Africa, los británicos
han tomado Bardia, y en Rusia los alemanes siguen perdiendo
v.1.09